Corría el mes de mayo de 2003, es decir, hace ya más de seis años, cuando el alto mando ordenó se preparara todo para sacar avante el proyecto que tuvo desde que llegó a la corporación: dar forma a un medio de comunicación interno. Tras deliberar en cuanto al nombre, características, tiraje, línea editorial, etcétera, vio la luz la nueva revista oficial, que no oficiosa.
Empresarios, servidores públicos, mandos, policías, diplomáticos y mucha, mucha gente desfiló por sus páginas aportando información que, a quienes integramos la corporación, realmente nos interesaba.
Hoy ya no existe más.
Pero, ¿sirve un medio de comunicación oficial... es útil? Desde luego, si no se pierden de vista los objetivos que se buscan con su publicación, y si ésta obedece a los reales intereses que, en materia informativa, tienen sus lectores; si en él escriben, si en él aparecen sus fotografías, si en él se ofrece un espacio para expresar sus ideas, si en él se publica material útil, con el rigor periodístico del que la mayoría de este tipo de medios carece.
Hoy, pues, decisiones de escritorio, de las burocráticas, de las más engorrosas por su tránsito por decenas de escritorios y enojosas por su sinrazón, tienen a la revista en el limbo, en la indecisión y en vías directas a su extinción.
Esta decisión, que nada tiene que ver con recursos para su más que justificada elaboración, no deberá tomarse como un esfuerzo en vano. Durante estos más de seis años ha quedado huella y en ella está escrita parte de la historia reciente de la policía de la ciudad.
Mientras tanto... hasta pronto; nos leemos más adelante.

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