martes, 8 de septiembre de 2009

LLUEVE

Llueve en el DF, y en todo el país, pero este territorio es el que me ocupa porque es aquí donde me tocó vivir.

No es de esa lluvia de las novelas, ni de la que moja a las parejas de enamorados en un parque, en las películas de corte romántico. No es, tampoco, la lluvia que te ensucia el auto cuando recien saliste del autolavado, o que te hace cerrar las ventanas de la casa. No hablo, pues, de la lluvia romántica.

No, esta lluvia es de las "mala onda", tormentas caen en el territorio capitalino y las imágenes, siempre fuera de la realidad, morbosas e inexactas que nos regala televisa nos dejan ver a los más jodidos, porque eso es ley, siempre padeciendo más que nadie.

Ves a las familias navegando en la cabecera de su cama, y sus poquísimas y precarias pertenencias nadando en aguas de innombrable procedencia. Ves a los niños chapoteando como en alberca de Marcelo Ebrard, ajenos ellos a su realidad y a su circunstancia.

Y a los padres de esos niños padeciendo, sufriendo, viviendo y navegando en esas corrientes de sueños rotos y aguas nauseabundas.

La obra más importante del sexenio, dice el Presidente; la ciudad no se inundó... se encharcó, dice Ebrard; en el estado de México el agua son canales por los que pasea su telenovelero idilio Peña Nieto.

No hay tos... la situación está en orden y los efectos por las infames lluvias están bajo control.

¿Y la gente....? la gente que se joda, como siempre.

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